EDAD MEDIA. SEGUNDA PARTE (a partir del 1122, más o menos...)
 
Fue tras la reconquista y repoblación cristiana (que pasaría por lo que en el futuro iba a ser Hinojosa hacia el año 1122, año en el que el Rey de Aragón, Alfonso I El Batallador, recupera, entre otras, Milmarcos y Anchuela del Campo, que por entonces eran pequeñas aldeas 'moras' -arrebatadas a los musulmanes antes incluso que Molina de Aragón, reconquistada en el 1129-), cuando vinieron los primeros “colonos cristianos” a fundar la 'Aldea' o el 'Caserío' de Hinojosa en la ladera del Cerro. Probablemente estos primeros habitantes construyeran sus viviendas en lo más alto de la ladera Cerro, buscando una posición defensiva. A partir del siglo XVI, momento en el que se rebaja la frontera con Aragón, se logra una cierta "estabilidad política" y desaparecen los conflictos bélicos, los habitantes de Hinojosa comenzarían a construir en la zona baja, buscando lugares más llanos, momento que también coincide con un aumento de población y con la necesidad de extender los lugares poblados.
 
Documentalmente, la primera constancia que tenemos de la existencia de Hinojosa data de 1353, de un censo de parroquias de la Diocesis de Sigüenza, en el que Hinojosa ('Finojosa') formaba junto con la desaparecida Torralbilla ('Torralviella') y Fuentelsaz ('Fuent el salce') una única feligresía.
 
Respecto de las "relaciones bilaterales" que pudieran tener estos primeros habitantes con el mundo musulmán (en aquella época "reinos taifas"), cabe la posibilidad de que hubiera algún “inmigrante” musulmán conviviendo con nuestros antecesores (por aquel entonces a los inmigrantes 'con papeles' se les denominaba “mudéjares”). Aunque lo lógico es que los moros que poblaran estas tierras, las abandonaran tras la reconquista cristiana, a pesar de que, por decreto del "Batallador", se les permitiera quedarse conservando su patrimonio y sus heredades, su religión y sus derechos, pero en el plazo de un año debían de abandonar el casco urbano de los pueblos y establecerse en las afueras (como parece que sucedió en Milmarcos, donde probablemente existiera una 'morería' o barrio musulmán).
 
Alfonso I de Aragón, tras conquistar todo el territorio, por entonces despoblado, del Señorio de Molina y Mesa (el Señorío llegó a tener dos apellidos), lo entregó a su esposa Doña Urraca, reina de Castilla. Urraca se había casado en primeras nupcias con Raimundo de Borgoña y fruto de este matrimonio nacieron dos hijos. Uno de ellos, Alfonso Raimundez iba a ser proclamado Rey de Castilla (en 1126) con el nombre de Alfonso VII el emperador. Al enviudar Doña Urraca, y para poder acceder a los reinos de León y de Castilla, tuvo que casarse con Alfonso I de Aragón, el Batallador. Cuando el Batallador murió en 1134, Alfonso VII, como hijastro del fallecido rey, se sintió con derechos al trono de Aragón. Aunque no fue aceptado y el sucesor de Alfonso I fue Ramiro el Monje, hermano del Batallador.
Tras disputarse ambos reinos las tierras de Molina, Don Manrique de Lara, conde y señor de Lara, con influencia en ambos reyes, hizo de mediador en la 'Concordia de Carrión' de 1137, por la que Castilla devolvía a Aragón las plazas de Calatayud y Daroca, y por la que consiguió que todas las tierras de Molina fueran declaradas de solariego, aceptando los dos reinos a Don Manrique de Lara como Señor de Molina y de Mesa, naciendo así en 1138 el Señorío de Molina, un pequeño estado propio e independiente de ambas Coronas (salvo por el vasallaje que Don Manrique debía al Reino de Castilla). Así, la frontera entre Aragón y Castilla discurría desde Almazán en Soria (por entonces diócesis de Sigüenza -gobernada, curiosamente, por un aragonés, el obispo Bernardo de Agen-) hasta los límites Albarracín, hasta donde -por entonces- llegaba el Señorío de Molina. Con ello, Castilla había creado una "almohada defensiva" no sólo con Aragón, sino también con los reinos taifas (moros) de Teruel, Albarracín y Cuenca. La capital del Señorío pasó a denominarse "Molina de los Condes".
 
Establecido el Señorío, en 1154 Don Manrique de Lara otorga un fuero por el que las antiguas tierras despobladas (entre ellas Hinojosa) registran una enorme afluencia de gentes llegadas de muy diversos lugares, que convierten al Señorío de Molina en una tierra de las más prósperas de Castilla.
 
Fue por entonces cuando este gran territorio se dividió en cuatro demarcaciones llamadas sexmas o sesmas gobernadas por un sesmero (según algunos historiadores, originariamente fueron seis sesmas -de ahi el nombre de 'sexma'-, si bien, con posterioridad la división se reduciría a cuatro sesmas ya que dos de ellas se adscribieron al Reino de Aragón -provincia de Teruel-). Inicialmente, y con la intención de repoblar las tierras, cada sesma se dividía en veinte partes: las veintenas. En cada una de estas veintenas se alzó un pueblo o aldea. Así mismo, cada veintena, se dividía en cinco quiñones, que comprendían una quinta parte de lo de riego, de sembradura, de pastos, de monte, etc. Pues bien, a cada nuevo 'colono' se le otorgaba un quiñón, de similares características al de sus vecinos. Por tanto, podemos deducir que cada sexma contenía originariamente 20 pueblos, y que cada pueblo (como Hinojosa) estaba inicialmente formado por cinco familias "quiñoneras". Ahí queda eso.
 
Las Sesmas tuvieron un papel importante a la hora de administrarse y de 'hacerse oir', sobre todo si tenemos en cuenta la gran desigualdad social y jurídica existente entre el habitante de la Villa de Molina, y el aldeano perteneciente a uno de estos pueblos. Ello supondrá que se asocien las aldeas en comunidad, con el fin de defender sus derechos frente al poder feudal de la Villa. Ya en 1266 existe una mención a la Comunidad de aldeas de Molina. A partir del momento en que se crea 'El Común' las sesmas comienzan a cumplir una serie de funciones importantisismas para dicha institución, como son las elecciones de procurador general, diputados y demás cargos (acompañados, contadores, etc.) o la tributación, que se efectuaba teniendo siempre en cuenta estas demarcaciones. Además cada sesma se agrupaba en una cuadrilla de ganaderos (mestas) que se reunían en puntos a convenir que, parece ser, acabaron coincidiendo con los de las llamadas 'Juntas de Sesma'. La Junta de la Sesma del Campo (en la que Hinojosa ocupaba el sexto lugar en orden de asiento), se reunía en las dependencias anexas a la Ermita de la Concepción, ubicada a unos 2 kilómetros del término municipal de Cillas. Allí también se elegían a los diputados y demás cargos que representaban a los pueblos.
La Ermita de la Concepción, en Cillas.
 
Por último, decir que las sesmas también se constituyeron en demarcaciones eclesiásticas que servían para recaudar diezmos e impuestos extraordinarios que el estado eclesiástico tributaba al Estado en forma de servicios de excusado.
 
En principio, Hinojosa fue castellana, aunque regido por el fuero propio del Señorío, que nunca admitió otra cosa. De hecho, a la muerte de la última Señora independiente, Doña Blanca de Molina, el Señorío pasó a su hermana María de Molina, integrándose en la Corona de Castilla por su matrimonio con Sancho IV el Bravo (que reinó entre 1284 y 1295). Cuando años después (y reyes después) el rey Enrique II de Castilla entregó el Señorío a modo de regalo a un tal Beltrán Duguesclin, los naturales del Señorío se alzaron en rebeldía y desde 1366 hasta 1375 tuvieron por señor al Rey de Aragón. Fue entonces, cuando su capital tomó el nombre de "Molina de Aragón". Y es que Molina, pese a lo significativo de su apellido, tan sólo ha sido aragonesa durante 9 años (sus denominaciones anteriores fueron "Molina de los Condes" y "Molina de los Caballeros"). Pues bien, devuelta a Castilla, como regalo de bodas a un matrimonio morganático, de nuevo quiso Enrique IV donar el Señorío a otro tipo llamado Beltrán de la Cueva. Y de nuevo, hubo revueltas. Tras este alzamiento, Isabel I de Castilla "La Católica", otorgó un documento (que aun existe hoy en día) en el que se declaraba la promesa y privilegio de que ya nunca más el Señorío sería apartado del reino castellano, como así ha sido. Desde entonces, todos los reyes españoles llevan entre sus títulos el de "Señor de Molina".
 
Aunque, como hemos señalado en el párrafo anterior, Hinojosa 'casi' siempre fue castellana, no debemos olvidar que estaba situada en un lugar de paso entre Castilla y Aragón. ¿Cómo eran las relaciones con el Reino de Aragón?: para el pueblo llano nunca llegó a haber una frontera como tal, eso era cosa de reyes y señores. Además, por estas tierras se decía aquello de: "Tengamos Rey pero veámoslo poco", ya que era temible su paso por los pueblos por los gastos y fastos que conllevaba y preferían que no les visitara. Los pueblos rayanos con Aragón, como Hinojosa, siempre han tenido unas relaciones muy buenas con los pueblos aragoneses cercanos, frente a divisiones, rivalidades y disputas de reyes, señores o mandamases. En lo comercial el intercambio era frecuente: el vino y la fruta por el cereal y la lana, hasta llegar al simple trueque de trigo por nueces. De hecho, la primera noticia que se tiene de Comunidad de la Tierra de Molina como tal es un acuerdo con la Comunidad de Calatayud en 1266 para crear una hermandad que evitara los prendimientos injustificados por ambas partes. Como curiosidad, diremos que además, el Común de Molina tiene una génesis y una organización similar a las del sistema ibérico aragonés, al margen de las fronteras existentes.
 
Desgraciadamente, entre los reyes de Castilla y Aragón hubo notables confrontaciones lo que afectó al pueblo llano y a los habitantes de Hinojosa que se encontraba en zona fronteriza. Las primeras confrontaciones bélicas entre ambos reinos que afectaron al Señorío de Molina, sucedieron entre 1134 y 1137. Hinojosa se encontraba en el límite de ambos reinos. Una de las contiendas bélicas más trascendentales, de más larga duración y de mayores consecuencias, fue "La guerra de los dos pedros", que tuvo lugar entre los años 1356 y 1369: Pedro IV de Aragón "el ceremonioso" vs. Pedro I de Castilla "el cruel". La frontera entre Aragón y Castilla se encontraba prácticamente igual que en la actualidad. La guerra entre ambos reinos parecía inevitable y esperada desde muchos años antes, por lo que a ambos lados de la frontera proliferaron las fortificaciones y los castillos. La guerra hizo huir a la gente de los pueblos con sus ganados y enseres hacia, lugares más seguros y dejó gran cantidad de lisiados y mutilados en todo el Señorío, inútiles para el trabajo en el campo. Ambos ejércitos, aragonés y castellano, para debilitar al contrario, tenían por costumbre quemar las cosechas, destruir molinos, talar árboles y matar ganados, lo que dejaba a los pueblos en completa ruina y hambre durante años. A esto hay que unir la subida de impuestos para pagar la guerra, empobreciendo, más de lo que ya estaban, a los habitantes de los pueblos.
 
No serían estas las únicas calamidades con las que se encontrarían los habitantes de Hinojosa en la Edad Media. Entre 1348 y 1350, se declaró una epidemia de peste negra en Europa, con nuevos brotes durante la segunda mitad del siglo XIV. La mortalidad fue muy elevada y algunos poblados quedaron deshabitados. No tenemos datos de Hinojosa, pero suponemos que también debió sufrir las terribles consecuencias de la peste. Esta epidemia volvería a aparecer durante los siglos siguientes. De esta época es el camposanto denominado en la actualidad 'Cementerio viejo', y fue en esta época cuando se instituyó el culto a San Roque, al que se le invoca contra la peste y enfermedades contagiosas, representándolo con su perro, vestido de peregrino y dejando al descubierto su pierna para mostrar sus llagas pestilentes.
Arco de medio punto, de entrada al 'Cementerio viejo'.
 
En esta época, el Pueblo de Hinojosa convivía con pueblos vecinos hoy desaparecidos, como Torralbilla (en donde se encuentra la Ermita de Santa Catalina), Los Casares (que debió ser un pequeño caserío junto al 'Camposanto Viejo'), Los Villares (hoy en día totalmente desaparecido puesto que al hacer la concentración parcelaria se destruyeron todas las hormazas que quedaban), Galdones (al otro lado del Cerro de 'La Cantera') o 'El Cerro de las Monjas'. En este cerro situado entre Torralbilla e Hinojosa, se ubicó un pequeño convento de monjas. Hacia 1990 se encontraron restos humanos y todavía se conservan paredes, aunque algunas están deshechas.
 
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