TORRALBILLA Y SANTA CATALINA.
Junto a la carretera que baja de Labros hasta Milmarcos, justo en medio de un denso y antiquísimo sabinar, puede admirarse la Ermita de Santa Catalina, una pequeña y escondida joya del románico rural del Siglo XII, que llegó a ser iglesia parroquial en la Alta Edad Media, de un pueblo que llevó por nombre "Torralbilla" (o "Torrealbilla"), del cual ya tan sólo queda la mencionada Ermita -una de las mejores muestras del románico porticado de la Provincia de Guadalajara-.
Según se cuenta, la aldea de Torralbilla tuvo que ser “desalojada” (posiblemente en el siglo XVII) por culpa de una feroz plaga de termitas que devoraba todo a su paso, situación que, parece ser, era bastante frecuente en aquella época. Aunque también pudiera haberse debido a cuestiones de reagrupación, o por escasez de agua, ya que por estos motivos se produjeron algunas despoblaciones más en la zona, verbigracia la de 'Los Casares' (junto al cementerio viejo), 'Los Villares' (el paraje se sigue llamando así), 'Galdones' (al otro lado de 'La Cantera'), o la de 'Monchel', otro caserío situado cerca de Labros. Si bien, ninguna debió de ser tan 'sonada' como la despoblación de Torralbilla.
Pues bien, retomando el hilo del asunto, ya sea por una plaga de termitas o por cuestiones de reagrupación, los habitantes de Torralbilla fueron abandonando sus hogares: los primeros en marcharse y realojarse en los pueblos más cercanos fueron los más pobres, jornaleros, dueños de malas tierras o con un algún hatillo de cabras u ovejas. Otros tantos, con tierras algo más extensas o de mejor calidad, se fueron a vivir a Milmarcos. Y la mayoría, los terratenientes, los poderosos y acaudalados se alojaron en Hinojosa, en donde muchos de ellos ya tenían algún bien, y desde donde podían seguir cuidando sus haciendas. Todo ello contribuyó a realzar el nivel económico de Hinojosa, que se apropió de lo poco que quedaba de Torralbilla: las piedras de las calles y casas, que fueron utilizadas para hacer las nuevas viviendas en Hinojosa y para hacer la grava para el pavimento de la carretera (de ahí que apenas queden restos); y La Ermita de Santa Catalina, por la que todavía existe alguna que otra rencilla con las gentes del vecino Pueblo de Milmarcos, que la revindican para sí al estar a medio camino entre Hinojosa y su Pueblo.
Puerta de entrada al pórtico.
 
Arcos del pórtico, con decoración vegetal.
 
Entrada al Templo.
 
Restaurada con gran acierto en 1990 ('reinaugurada' el 17 de agosto de ese año), y declarada el 23 de junio de 1992 "Bien de interés cultural" con la categoría de Monumento por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, de La Ermita de Santa Catalina diremos que es un pequeño templo rural de una sola nave con ábside de tambor y un atrio porticado adosado al muro meridional, orientado a mediodía para arroparse contra los fríos del norte, y formado por seis arquillos de medio punto con columnas que rematan en sus respectivos capiteles, de sencilla decoración vegetal. Este atrio tiene entradas por sus costados de levante y poniente. La Ermita llegó a tener un campanario (una espadaña) y los sillares del mismo se emplearon para construir, en el primer cuarto del siglo XX, el Edificio de 'las Escuelas' (ahora bar y centro social) en Hinojosa, (principalmente se usaron para rematar las esquinas del mismo). El ingreso al templo se hace por su portada inserta en el muro meridional: consta de cuatro arquivoltas lisas, con ornamentación vegetal, la mas extensa. Estos arcos se apoyan en capiteles de hojas de acanto. En la cabecera destaca el ábside, de planta semicircular, cuyo alero sostiene algunos canecillos de curiosa decoración. Dicho alero presenta toda su superficie tallada con temas vegetales y ajedrezado.
Canecillos decorados en el Abside, al igual que el alero que los separa.
 
Marcas de cantero. Permitían saber la cantidad de piedras labradas empleadas en la construcción para poder cobrar por ellas.
 
El interior es de nave única, recorrida en su basamenta por un poyo de piedra, que también se extiende al presbiterio y al ábside. El pavimento es de grandes losas de piedra y la techumbre de madera de sabina. El presbiterio, ligeramente elevado sobre la nave, da paso al ábside semicircular. La bóveda presbiterial es de medio cañón apuntado y la del ábside de horno. El arco triunfal, de paso de la nave al presbiterio, es apuntado y doblado, y se apoya sobre dos capiteles decorados: en el de la derecha, simples motivos vegetales; en el de la izquierda, una serie de figuras tomadas del bestiario medieval: perros con cuerpos de ave y harpías a los lados; símbolos del bien y el mal, copiados de los capiteles del claustro del Monasterio de Silos (Burgos), que hasta aquí llegaba su influencia iconográfica.
Capitel izquierdo del arco triunfal.
 
Inscripción "PETRVS" en la basa de la columna derecha del arco triunfal. Se dice que 'Petrus' pudo ser un cantero que habría trabajado ya en el Monasterio de Silos (de ahí su influencia). Aunque esto, evidentemente, no deja de ser una habladuría imposible de fundamentar.
 
Madero cruzado a la mitad de la ventana, resto de un antiguo altar con inscripciones en letra gótica (¿siglo XIV?). Sustentaba un tapiz de Santa Catalina, junto con unas tablas que conformaban el altar. Tanto tapiz como tablas fueron robados en la década de los 50-60.
 
Restos de lo que fue el baptisterio. Con anterioridad a la proliferación de las pilas bautismales, para cristianar al recién nacido se le sumergía en una especie de 'piscina' que había en el suelo de la iglesia.
 
Pequeño hueco que se encuentra en el lateral derecho del presbiterio.
 
A modo de curiosidad, merece la pena detenerse a contemplar una pequeña imagen de la Virgen tallada en piedra en el intradós de la jamba izquierda del arco de entrada, realizada a mediados del siglo XX, por algun pastor (¿Basilio Fernández?) mientras pasaba el tiempo junto con el ganado, al abrigo de los arcos -antes tapiados- del pórtico. Más curiosidades: en la fachada de la ermita, a la derecha de la puerta de entrada, y formando parte de un murete que llega hasta media altura hay colocados dos sillares con elementos tallados. En uno de ellos está representada una rueda, atributo de Santa Catalina, con los anagramas de Jesús (JHS) y María en su interior. El segundo representa un animal, que parece ser un lobo. Además, en la parte derecha de la puerta de acceso a la ermita de Santa Catalina, y a una altura aproximada de dos metros, se encuentra grabada en la piedra una esfera de misa. Está dividida horizontal y verticalmente, además de diagonalmente en su mitad superior, con lo que se señalan las horas de laudes, tercia, sexta, nona y completas. El gnomon se situaba en el centro, donde todavía puede observarse el orificio donde se insertaba. Todo ello supone que el pórtico se construyó con posterioridad a lo que es la Ermita, ya que una vez realizado, 'el reloj de sol' se quedó en sombra y por tanto inutilizable.
Virgen tallada en el arco de entrada.
 
Reloj de Sol.
 
Lobo tallado en el interior del pórtico.
 
Rueda tallada con los anagramas de JHS y MA.
 
Bajo la entrada al atrio porticado, labrados en el suelo podemos encontrar estas marcas. Se tratan de rústicos tableros de juegos cuyas reglas apenas se conocen con exactitud. A la izquierda observamos doce agujeros más uno central, a modo de tablero circular. En la derecha podemos encontrar un 'tablero' del juego conocido como 'alquerque de doce', una especie de 'juego de las damas' medieval.
 
Aunque ha habido expertos que opinaron que Hinojosa fue fundada en el momento de la despoblación de Torralbilla, todo apunta a que ambos pueblos convivieron simultaneamente hasta tal despoblación, que probablemente se produjera a finales del siglo XVII. De hecho, tenemos constancia de que en 1.353 Torralbilla seguía existiendo, tal y como consta en el censo de parroquias de la Diocesis de Sigüenza que se realiza en ese mismo año, en la que Hinojosa ('Finojosa') formaba junto con Torralbilla ('Torralviella') y Fuentelsaz ('Fuent el salce') una única feligresía. Es posible incluso que Torralbilla fuera la 'cabeza de curato' y que tras la despoblación, lo fuera 'Finojosa'.
 
A modo de curiosidad, contaré que existe una leyenda (de índole infantil, que la tradición manda contar los padres a los hijos) que dice que antes de la reconquista, 'los moros' ya poblaban Torralbilla y tenían una iglesia (que sería mezquita, digo yo) con unas campanas de inestimable valor (¿de oro?). Antes de que el ejército cristiano reconquistara la zona, los moros escondieron las campanas en los alrededores para que no se apoderaran de ellas los cristianos. Por ello, es tradición que los padres ayuden a sus hijos a buscarlas, haciendo pequeñas excavaciones en la tierra con las manos o con palas de juguete, para ver si daban con el paradero de las misteriosas campanas (previamente, en el lugar de la excavación, los padres enterraban alguna monedilla para hacer creer a sus hijos que la moneda descubierta la habían dejado los moros -pero qué inocentes eramos-).
 
También cuentan nuestros padres que, a mitad del siglo XX, se realizaron en Torralbilla excavaciones algo más serias (aunque no sé si arqueológicas) y se encontraron cerámicas, cuberterías y otros objetos pertenecientes a los pobladores de Torralbilla (pero lo cierto es que de las campanas de los moros, nada de nada).
 
Para finalizar comentaré que, con motivo de la festividad de Santa Catalina, cada 25 de noviembre se celebraba una romería a la Ermita, si bien, desde los años 60 dicha romería se trasladó a una fecha más calurosa y que congregaba a más 'peregrinos': el 17 ó 18 de agosto, aprovechando las fiestas patronales de San Roque, que se siguen celebrando en Hinojosa para el 15 y 16 de agosto.
 
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